miércoles, 14 de junio de 2017

El Presidente Maduro escribe una Carta al Papa Pidiendo que Medie


Nicolás Maduro cumple con su promesa de pedir la ayuda del Papa Francisco en la crisis en Venezuela. El presidente ha entregado una carta este martes al nuncio apostólico en el país, Aldo Giordano, en la que reclama al pontífice que medie para que los opositores "dejen estas acciones tanto criminales como inhumanas" como son, a su juicio, las de usar niños y adolescentes en sus protestas contra el régimen.

En la misiva, fechada el 12 de junio y publicada por la agencia estatal venezolana de noticias, AVN, el mandatario agradece al Sumo Pontífice "todo lo que ha hecho y hace por la paz, el diálogo y la convivencia pacífica en Venezuela aquí y ahora".
Maduro afirma que "interpreta el sentir de la inmensa mayoría" de sus compatriotas "que rechazan abiertamente a quienes están jugando la carta de la violencia, de la guerra civil".

"Se trata de una minoría cada vez mas reducida y, por eso mismo, cada vez más enloquecida: una minoría que sigue actuando en función de incendiar a Venezuela para alcanzar sus inconfesados y tenebrosos fines políticos", indica.
Asimismo, recalca que "ya son más de 70 días en los que Venezuela ha tenido que padecer la violencia generalizada de una derecha del todo histérica, del todo prepolítica, del todo apátrida".
"A pesar de que las grandes mayorías siguen en sus labores de cada día y desoyen a quienes no creen ni en el diálogo ni en la convivencia, esta violencia focalizada y de una enorme ferocidad, distorsiona totalmente la vida en paz del país", lamenta.
Maduro afirma que "reconoce y respeta la validez de la protesta política cuando se le da el cauce de paz", recalcando que "es inadmisible la puesta en marcha de una lógica de guerra que ya ha causado demasiadas muertes, demasiada destrucción, obstruyendo así todos los efectos sensibles y los efectos bien dirigidos para alcanzar un genuino diálogo nacional".

Por ello, denuncia las "acciones vandálicas" de "las fuerzas de las tinieblas" bajo "el signo del más abyecto y brutal terrorismo", agregando que todo ello tiene como objetivo"imponerle a Venezuela un clima de odio generalizado".
"Es claro que la extrema derecha se desespera porque no llega la anhelada intervención militar estadounidense con la que sueñan", señala, haciendo hincapié en "la utilización frecuente y perversa de niños, niñas y adolescentes en acciones de violencia terrorista callejera".
"Lamentablemente las mismas han sido alentadas de forma pública y notoria por parte del liderazgo de la derecha: hay numerosas pruebas y evidencias en este preciso sentido que configuran un expediente indiscutiblemente criminal", resalta.
En este sentido, manifiesta que esta situación ha causado la muerte de varios menores de edad, detallando que "han estado generalmente asociadas a la manipulación indebida de armas y explosivos de fabricación casera".
Por ello, Maduro ha pedido al Sumo Pontífice su mediación, en el marco del diálogo,"para que los dirigentes y organizaciones políticas de la oposición, en especial de la MUD, dejen estas acciones tanto criminales como inhumanas", apuntando que "deben desistir de ellas de manera inmediata".
"Se trata, Santo Padre, de conjurar lo peor, esto es que no se siga multiplicando la aflicción de tantas familias y de la sociedad venezolana como un todo", puntualiza.
"En su condición de Vicario de Cristo, tengo la plena certeza de que su concurso activo y orientador puede abrir una nueva etapa de diálogo nacional. Basta ya de tanta violencia: necesario es darle una oportunidad a la paz sin trampa, sin dobleces", indica.
"Yo seguiré reiterando mi llamado al diálogo nacional. Hay quienes se han desviado hacia el campo de la desestabilización, el terrorismo y el golpismo: mi deber es traerlos hacia el campo de la Constitución y el debate político", remacha Maduro, asegurando que "está siguiendo rigurosamente el ejemplo del comandante (Hugo) Chávez".

El texto íntegro de la carta de Maduro al Papa Francisco:
Miraflores, 12 de junio de 2017
Su Santidad
Francisco
Quiero hacerle llegar un respetuoso y fraterno saludo en Cristo junto con la renovada expresión de mi gratitud por todo lo que ha hecho y hace por la paz, el diálogo y la convivencia pacífica en Venezuela aquí y ahora.
En realidad y en verdad, al escribir estas líneas, Santo Padre, sé que estoy interpretando el sentir de la inmensa mayoría de mis compatriotas que rechazan abiertamente a quienes están jugando la carta de la violencia, de la guerra civil. Se trata de una minoría cada vez más reducida y, por eso mismo, cada vez más enloquecida: una minoría que sigue actuando en función de incendiar a Venezuela para alcanzar sus inconfesados y tenebrosos fines políticos.
Ya son más de 70 días en los que Venezuela ha tenido que padecer la violencia generalizada de una derecha del todo histérica, del todo prepolítica, del todo apátrida. A pesar de que las grandes mayorías siguen en sus labores de cada día y desoyen a quienes no creen ni en el diálogo ni en la convivencia, esta violencia focalizada y de una enorme ferocidad, distorsiona totalmente la vida en paz del país.
Demás está decir que como demócratas reconocemos y respetamos la validez de la protesta política cuando se le da cauce de paz. El conflicto es nervio fundamental de una democracia digna de tal nombre, de una democracia verdadera como la nuestra. Pero lo que es y será inadmisible es la puesta en marcha de una lógica de guerra que ya ha causado demasiadas muertes, demasiada destrucción, obstruyendo así todos los efectos sensibles y los efectos bien dirigidos para alcanzar un genuino diálogo nacional.
Las fuerzas de las tinieblas han perpetrado toda clase de acciones vandálicas bajo el signo del más abyecto y brutal terrorismo, pretendiendo imponerle a Venezuela un clima de odio generalizado: clima de odio manipulado y amplificado por las redes sociales como estrategia de la guerra psicológica desencadenada contra nuestro Pueblo; clima de odio que no trasciende la focalización y el aislamiento geográfico de quienes lo promueven y difunden, pero que conspira contra la tranquilidad de todas y de todos, amén de buscar el aislamiento internacional de Venezuela, presentándonos como un país donde ya nos estamos matando entre nosotras y nosotros. Es claro que la extrema derecha se desespera porque no llega la anhelada intervención militar estadounidense con la que sueñan.
Por cierto, se ha venido presentando un fenómeno atroz y altamente preocupante, sobre el cual quiero llamar su atención: la utilización frecuente y perversa de niños, niñas y adolescentes en acciones de violencia terrorista callejera. Lamentablemente, las miasmas han sido alentadas de forma pública y notoria por una parte del liderazgo de la derecha: hay numerosas pruebas y evidencias en este preciso sentido que configuran un expediente indiscutiblemente criminal.
Todo ello ya ha causado muertes de menores de edad que no son sino extremadamente dolorosas y francamente lamentables: muertes que han estado generalmente asociadas a la manipulación indebida de armas y explosivos de fabricación casera. Caso reciente y terrible fue el del compatriota Neomar Lander, de apenas 17 años, fallecido en Caracas al detonársele accidentalmente un explosivo.
Como Jefe de Estado, actúo en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de la Convención sobre los Derechos del Niño y, en razón de ello, estoy en la obligación ineludible de garantizar el cumplimiento estricto de los principios consagrados para la protección de los niños, niñas y adolescentes, evitando a toda costa el reclutamiento de menores de edad para ser utilizados como carne de cañón.
Dice el Maestro Nazaret en el Evangelio según San Mateo (18:10):
Mirad que no tengáis en poco a alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre está en los cielos.
Ya hemos iniciado las acciones jurídicas correspondientes a fin de que se respeten los derechos de los niños, niñas y adolescentes venezolanos. Por eso mismo, quiero muy respetuosamente pedirle su intermediación, en el marco del proceso de diálogo nacional, para que los dirigentes y organizaciones políticas de la oposición, en especial la MUD dejen estas acciones tanto criminales como inhumanas, deben desistir de ellas de manera inmediata. Lograr que los más pequeños sean librados de la espiral de odio a la que se les ha querido reducir en menoscabo de su inocencia y de sus derechos, desarmándolos y apartándolos de todo nefasto adoctrinamiento que a ello conlleve. Se trata, Santo Padre, de conjurar lo peor, esto es, que no se siga multiplicando la aflicción de tantas familias y de la sociedad venezolana como un todo.
En referencia a los niños y las niñas, Usted mismo, Santo Padre, ha dicho: No dejemos que les roben la alegría. No nos dejemos robar la alegría, cuidémosla y ayudémosla a crecer. Me identifico plenamente con estas palabras suyas. En caminos de la infancia y la adolescencia, no nos vamos a dejar robar la alegría como Pueblo. El Nazareno está vivo entre nosotros y nosotras: es fuerza y luz para cuidar la alegría, para ayudarla a crecer y a multiplicarse.
En su condición de Vicario de Cristo, tengo la plena certeza de que su concurso activo y orientador puede abrir una nueva etapa del diálogo nacional. Basta ya de tanta violencia: necesario es darle un chance a la paz sin trampas, sin dobleces.
Yo seguiré mi llamado al diálogo nacional. Hay quienes se han desviado hacia el campo de la desestabilización, el terrorismo y el golpismo: mi deber es traerlos hacia el campo de la Constitución y el debate político. En eso estoy siguiendo rigurosamente el ejemplo del Comandante Chávez.
Y la clave para alcanzar el diálogo nacional reside en el amor. Como bien dijera el propio Chávez: Amor por Venezuela. ¡Eso basta! El amor por Venezuela, digo con el Comandante, basta para que se consolide definitivamente la paz.
Recuérdeme, Su Santidad, en sus oraciones. Con humildad, le pido su bendición.
Nicolás Maduro Moros

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