viernes, 30 de septiembre de 2016

Deja la ofrenda el pie del Altar y ve a Reconciliarte con tu Hermano.


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Jesús en el Evangelio nos recuerda: "Si vas a presentar tu ofrenda al Señor y estás enojado con tu hermano deja la ofrenda junto al altar y regresa a reconciliarte con tu hermano"
En el libro del Levítico había una ley especial para el perdón de los pecados, debía presentarse un ternero, un macho cabrío, una cabra o un cordero, dependiendo del pecado y del pecador, el rito consistía en imponer las manos en la cabeza del animal (transmitiéndole simbólicamente sus pecados) y luego era inmolado y su sangre era rociada por el lugar santo, de esta manera el pecador quedaba perdonado. 

¿De qué ofrenda nos habla Jesús?


Jesús es enfático, si quieres ser perdonado, de nada servirá la ofrenda que presentas para tu propio perdón, primero ve y perdona, y recibirás perdón, deja tu ofrenda al lado del altar y reconcíliate con tu hermano. 

El perdón es un mandato de Dios, porque el perdón es una manera de manifestarse el amor. 



Muchas cosas influyen en nuestra vida, la cultura, la familia, la herencia recibida a través de nuestro código genético, nuestras características físicas, los lugares donde hemos estudiado, la educación que hemos recibido, las personas que hemos conocido y con las cuales hemos conocido. 
Entre las cosas que nos configuran, que nos delimitan, que nos influyen y nos determinan de una manera grande son las heridas del corazón.

¿Cómo nos influyen las heridas del corazón en la vida cotidiana?


Las heridas del corazón, hechos pasados que nos han afectado negativamente y nos han dejado una impresión en el alma influye en nuestras actitudes, nuestras relaciones, y nuestras decisiones y nos impiden ser felices.

Las actitudes y las decisiones


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Una vez conversaba con una chica, una conversación amena, amistosa, venía pidiendo consejo, no había podido mantener una relación de pareja estable, ya con 25 años añoraba tener una relación duradera, pero no le era posible, ante la interrogación de mi parte sobre la causa  de que las relaciones no fueran duraderas comentó: “Soy demasiado celosa, creo que ningún hombre podría vivir con una mujer tan celosa como yo”.
Le cambié repentinamente el tema de conversación: Háblame de tu familia… contó que vivió con su madre y que su padre las había abandonado muy pequeña, eso dejó en ella un profundo rencor hacia su padre, una carencia afectiva muy grande de amor de papá  y al crecer una necesidad de buscar en los hombres el cariño no recibido de su padre.  Ante la pregunta: ¿Alguna vez pasó por tu mente que tu novio te podía abandonar como te abandonó tu padre?- Sí padre.
Su actitud de celos era causada por una herida no identificada, por un dolor no revelado que hacía que la persona no fuera feliz. Allí comienza un trabajo espiritual para poder vencer las dificultades y volar.
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El camino de la sanación de las heridas.


Es por eso que, al iniciar un camino espiritual una de las primeras experiencias que debemos realizar es un camino de identificación y sanación de las heridas del corazón. Es un camino que puede ser largo, porque Dios obra en nuestro espíritu de manera diferente en cada alma, pero que siempre es necesario.

Es un camino doloroso, porque implica el destapar cosas que han estado ocultas, que le hemos puesto un velo a través del no reconocimiento, del olvido, del no pensar, y el del no orar. Es un camino doloroso porque es dolorosa la cura que el médico hace en el área afectada.
Pero es un camino que debe estar lleno de confianza, (con-fianza, con-fe), es un camino en donde debemos poner nuestra confianza en Dios porque sabemos que él es el mejor médico, y su cura siempre es la correcta.


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