miércoles, 13 de abril de 2016

Orar en la tercera semana de Pascua




Centro de Espiritualidad y Pastoral

Texto para ORAR en 3ª Semana de Resurrección / Ciclo “C” 2016

Resucitados para Amar y Servir

[ Del Domingo 10 al Sábado 16 de Abril ]

Estamos en la tercera Semana de Resurrección y la Liturgia nos invita a dejarnos convocar nuevamente por Jesús Resucitado.
Los discípulos, tras la muerte de Jesús, se mantienen juntos, pero Jesús no está con ellos. Han regresado a su antiguo oficio de pescadores. Se han puesto a trabajar en lo de antes, pero no han dado frutos. Y es que para dar frutos no basta estar juntos, ni ser amigos simplemente o empeñarse a la fuerza, sino emprender de nuevo el camino apoyados en la gracia, en la apertura a la novedad y en la alegría que brota de reconocer desaciertos y dejarse enseñar por el camino andado.
Para los discípulos, y para nosotros también, hay un antes y un después de la Pasión del Señor. Viviendo junto a los crucificados del mundo es como podemos testimoniar este antes y después de la Pasión. Si nos dejamos ganar el corazón por el Crucificado-resucitado seríamos, claro está, las mismas personas, pero jamás lo mismo, porque que tendríamos definitivamente grabados en la mente y el corazón los gestos y los modos de proceder del Señor.
En medio de la experiencia que viven los discípulos aquella noche de pesca en la que se aparece Jesús, el evangelista Juan resalta de forma muy sutil pero directa el gran contraste que hay entre la oscuridad y la luz, la noche infructuosa y el amanecer fecundo. Sin Jesús andamos en la oscuridad, sin orientación y caminando a tientas, sin lograr nada y extraviados, mientras que con Jesús andamos en la claridad, guiados y acompañados por su luz y acertando en el camino.
El Señor es la fuente de la fecundidad de todo lo que hagamos. Él vendrá y se manifestará como amanecer y como luz en las noches de nuestras vidas. Él hará que nuestros afanes, cansancios y hasta nuestras huidas, se conviertan en ocasión de gracia. De múltiples maneras el Señor se aparece en nuestro caminar. Tan sólo habría que estar atentos a la realidad para captarlo y sentirlo, y con toda seguridad, Jesús nos convocará de nuevo, recreando los signos y las señales para que así tengamos vida dentro de nosotros mismos.
La experiencia resucitadora que viven los discípulos junto al lago de Tiberíades los invita a superar la nostalgia de la ausencia del amigo y a salir de sí mismos, para que puedan comprender el verdadero sentido de la Pasión. Las redes repletas de peces, serán la señal de lo espléndido que se muestra Dios, aún en medio de la infecundidad de nuestros esfuerzos.
El Señor resucitado, es el crucificado. Por eso ha preparado nuevamente la mesa de la comida, de la fraternidad y de la confianza, para que ningún discípulo olvide que no se debe a sí mismo, sino a los demás. De ahí que, en medio de esa nueva comida, retome el tema del amor y la entrega: “si me amas, cuida a los demás, atiéndelos, sírvelos, da la vida por ellos”, para que el amor se centre más en las obras que en las palabras.

Momento Preparatorio: Lectura del Evangelio (Ambientación)

EVANGELIO DE JUAN (21,1-19)

En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se apareció de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Mellizo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le respondieron: También nosotros vamos contigo. Salieron y se subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: Muchachos, ¿han pescado algo? Ellos contestaron: No. Entonces Jesús les dijo: Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces. Así lo hicieron, y pescaron tanto que ya no podían arrastrar la red por la abundancia de peces.
Entonces, el discípulo a quien Jesús amaba le dijo a Pedro: Es el Señor. Tan pronto como Simón pedro oyó que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se lanzó al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más que cien metros.
Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar. Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró la red hasta la orilla, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de ser tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: Vengan a comer. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Quién eres?, porque ya sabían que era el Señor. Viene entonces Jesús, tomó el pan y se lo dio, y también el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer, le preguntó Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él le contestó: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis corderos. Por segunda vez le preguntó: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Él le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Por tercera vez le preguntó: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro, se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera si lo quería y le contestó: Señor, Tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: Sígueme. Palabra del Señor.

1er  Momento: A LO QUE VENGO

Inicio mi encuentro con el Señor escogiendo un sitio apropiado para mi oración.
Al llegar al sitio, en forma breve y sencilla considero la calidad de la mirada de Dios Nuestro Señor sobre mí.

Y me digo a mí mismo:
¿A QUÉ VENGO?
Vengo a dejarme convocar nuevamente por Jesús resucitado

[ Al final, rezo el Padrenuestro, saboreando cada palabra ]

2do  Momento: PACIFICACIÓN

·         Ya sea sentado, paseando, acostado o reposado; tanto en casa, como en el parque o la Iglesia me sereno para que esta cita con Dios tenga lugar.
·         Me acomodo con una posición que me ayude a concentrarme-descentrarme-centrarme, implicando todo mi ser.
·         Al ritmo de la respiración, doy lugar al silencio. 
[Una y otra vez repito este ejercicio].

3er  Momento: ORACIÓN PREPARATORIA

[NOTA: La oración preparatoria siguiente me ayuda a experimentar libertad de apegos. La repito tantas veces como quiera, dejando que resuene en mi mente y en mi corazón]

Señor, que todas mis intenciones, acciones y procesos interiores,
estén totalmente ordenados a cumplir tu voluntad.

4to  Momento: COMPOSICIÓN DEL LUGAR

[ NOTA: Este paso es muy especial y merece realizarse con esmero. Le dedico unos 10 minutos]
1°) Centro mi pensamiento en el contenido de la Oración.
2°) Con la imaginación revivo lo que relata el pasaje bíblico, sin perder detalle.
3°) Me ubico en la escena como si presente me hallara.
4°) Dejo que la Palabra irradie su luz sobre mí.

5to  Momento: PETICIÓN

En forma sencilla formulo mi petición. Dejo que mi petición salga de dentro. Que nazca de lo más hondo de mi vida.

Señor, que descubra tu llamada al amor y al servicio desinteresado.

(Si me ayuda, puedo decir varias veces la petición)

6to  Momento: CONTENIDO o MATERIA DE LA ORACIÓN

[NOTA: Para Contemplar la Resurrección, San Ignacio propone 5 aspectos dinámicos. Así, el que contempla, se implica a fondo en la centralidad del Evangelio y de la Vida. Después de VER, OIR y MIRAR a las personas, se pasa a CONSIDERAR los efectos verdaderos y de santidad que surgen de la Resurrección. Y finalmente el quinto aspecto de la contemplación es el MIRAR (gustar) el OFICIO de CONSOLAR que el Señor TRAE. Lo cual concreta la Verdad y Santidad de los Efectos de la Resurrección].

6.1) Ver las Personas
] Ver a Simón Pedro, a Tomás, a Natanael, a Juan y su hermano Santiago y a otros dos discípulos más. Verlos juntos, pero sin Jesús. Verlos montados en la barca, retomando su antiguo oficio de pescadores. Y reflexiono para sacar provecho. Ver a Jesús aparecerse en el lugar donde ellos están pescando. Y reflexiono para sacar provecho.

6.2) Oír lo que Hablan las Personas.
] Oír a Simón Pedro que dice: Voy a pescar; y a los discípulos que comentan: también nosotros vamos contigo. Y oír al Señor que les pregunta: Muchachos, ¿han pescado algo?, y ellos le contestaron: nada hemos logrado, Señor. Y reflexiono para sacar provecho. Oír a Jesús que les indica: Echen la red a la diestra de la barca y encontrarán peces. Y reflexiono para sacar provecho. Oír, a Juan (el discípulo amado), que tras la pesca fecunda, exclama: Es el Señor. Y reflexiono para sacar provecho.

6.3) MIRAR lo que hacen las personas.
] Mirar a los discípulos reunidos, en grupo, pero solos, sin Jesús. Mirarlos en su retorno, en sus huidas. Y reflexiono para sacar provecho. Mirar a Jesús cómo se acerca nuevamente de manera tan especial, al mismo lugar y oficio donde había ganado antes el corazón de sus amigos. Y reflexiono para sacar provecho.

6.4) CONSIDERAR
] Considerar y reflexionar, cómo la Divinidad, que parecía esconderse en la pasión, aparece y se manifiesta ahora tan espléndida en la resurrección, por sus EFECTOS de Verdad y Santidad. Los EFECTOS de esta aparición de Jesús a los discípulos son: la fecundidad en el trabajo y la confianza, para que el amor se concrete en servicio y cuidado de los demás.

6.5) MIRAR el Oficio de CONSOLAR
] Gustar el Oficio de CONSOLAR, que trae Cristo, nuestro Señor. La consolación de Dios se traduce en vida fecunda, en luz para las tinieblas y en disposición a un amor que sabe servir a tiempo y a destiempo.


7mo  Momento: COLOQUIO

NOTA: El coloquio es un diálogo que se hace hablando como un amigo habla a otro, ya sea para pedir alguna gracia, ya sea reconociendo la fragilidad o el pecado, o para comunicar sus cosas, y queriendo consejo en ellas.
(El texto sugerido puede ser útil para el COLOQUIO).

Tu Llamada
Señor: Meditando en tu llamada y en mi deseo de seguirte he descubierto que el ideal de mi vida entera eres Tú y que el ideal de mi modo de proceder es el modo de proceder tuyo. Por eso fijo mis ojos en Ti -los ojos de la fe-, para contemplar tu figura tal como aparece en el evangelio...
Señor, que yo pueda sentir con tus sentimientos, los sentimientos de tu corazón con que amabas al Padre y a los hombres... Yo quiero imitarte en esta disposición de amor y de entrega… Enséñame, Señor, tu modo de tratar con los discípulos, con los niños, con los fariseos, con los pecadores o con Pilatos y Herodes... Comunícame la delicadeza con que tratabas a tus amigos.
Enséñame a ser compasivo con los que sufren: con los pobres, los enfermos, los huérfanos, los ancianos, las viudas... Quiero saber cómo manifestabas tus emociones, incluso hasta llorar... Enséñame tu modo de mirar, como miraste a Pedro para llamarle a tu segui­miento o levantarle de su caída, como miraste al joven rico que no se decidió a irse contigo, como miraste a las gentes que andaban como ovejas sin pastor...
Enséñanos tu modo de proceder, para que sea nuestro modo de proceder y así podamos realizar el ideal de ser seguidores tuyos, colaboradores tuyos en la obra de la evangelización y salvación.
Pido a María…, que forme en mí y en todos nosotros, otros tantos Jesús como Tú.

(Cf. Pedro Arrupe sj)

8vo  Momento: EXAMEN DE LA ORACIÓN

Nota: Las siguientes interrogantes ayudan a centrar la experiencia vivida en la Oración.
1º) ¿Qué pasó en mí durante este Ejercicio?
2º) ¿A través de cuáles señales me habló Dios?
3º) ¿Qué quiero cambiar en mi vida?
4º) ¿Qué me distrajo en la Oración?
5º) ¿Qué me produjo desaliento o desconfianza durante la Oración?
6º) ¿Qué se quedó grabado en mí?


Termino la Oración con la Siguiente Ofrenda

Toma, Señor, y recibe, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad;
todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a ti, Señor lo devuelvo.
Todo es tuyo. Dispón de mí según tu voluntad.

Dame tu amor y gracia que ésta me basta. Amén.


Realizado por: P. Gustavo Albarrán sj, Jesús Torres Dugarte (Equipo CEP-Venezuela)

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