martes, 26 de enero de 2016

Comentarios al domingo 31 de Enero (4 domingo del Tiempo Ordinario ciclo c)


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Jesús lee en la Sinagoga

Jeremías 1,4-5.17-19. 


Te nombré profeta de los gentiles Jeremías fue un muchacho -no llegaba a veinte años cuando empezó su misión, hacia el año 627 antes de Cristo- a quien Dios sacó de la vida pacífica de su pueblo, Anatot, cerca de Jerusalén, para constituirlo en voz profética que clamara contra la corrupción de su tiempo, la pérdida de la fe y las alianzas políticas inútiles y contraproducentes que sus gobernantes buscaban, y que en definitiva les llevaron al destierro.

Hoy leemos su "vocación": "antes de formarte en el vientre te escogí... te nombré profeta de los gentiles". Ya le adelanta Dios que necesitará toda la ayuda divina: "no les tengas miedo... lucharán contra ti, pero no podrán, porque yo estoy contigo". El salmo subraya el tono de confianza del profeta, que no se fía de sus fuerzas, sino de la ayuda de Dios: "a ti, Señor, me acojo... sálvame... sé tú mi roca de refugio... tú, Dios mío, fuiste mi esperanza". Gracias a eso el profeta no calla y cumple con admirable fidelidad su misión.


1 Corintios 12,31 -13,13. 

Quedan la fe, la esperanza, el amor: la más grande es el amor Pablo había hablado -lo leíamos en los domingos anteriores- de la riqueza de dones y carismas que hay en la comunidad de Corinto. No puede ocultar, con una cierta ironía, el recelo que le provocan los dones de lenguas, de profecías y conocimientos profundos, dones de los que los griegos se sentían muy satisfechos. Aquí es donde entona su magnífico "himno al amor". Todo lo demás acabará, sobre todo el don de lenguas, el saber, incluso la fe. Pero el amor está destinado a durar también en la vida futura. Ahora tenemos "la fe, la esperanza el amor: estas tres. La más grande es el amor". No es extraño que en muchas bodas cristianas se elija este pasaje como lectura de la celebración. Se dice que en algunas bodas civiles, el juez o el edil correspondiente, si es cristiano, incluye, a modo de poema o himno "de un autor antiguo", este panegírico sobre el amor. 


Lucas 4,21-30. 

Jesús, como Elias y Elíseo, no es enviado sólo a los judíos Después de leer el pasaje de Isaías, en la sinagoga de Nazaret, con la comunidad pendiente de sus labios, Jesús afirma -hoy lo volvemos a escuchar- que "hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír". Lo cual significa que el que Isaías anunciaba como el futuro profeta de la buena noticia y el liberador de todos los males, ha llegado ya, y es él. 244 Esto despierta curiosidad y hasta admiración, en un primer momento. Pero el panorama cambia por completo cuando los presentes le oyen decir por qué no puede hacer milagros en Nazaret: porque no tienen fe. "Ninguna profeta es bien mirado en su tierra". No les debió gustar nada que aludiera a la viuda y al general extranjeros que recibieron los favores de Dios en tiempos de Elias o Eliseo, dejando en evidencia la poca fe de los judíos. La reacción es violenta: "se pusieron furiosos y lo empujaron fuera del pueblo con intención de despeñarlo".  

(Tomado de: José Aldazabal, Domingos del Ciclo c. pag. 243)



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