viernes, 22 de noviembre de 2013

Celebración para el Adviento

A continuación les presento una celebración para el adviento realizada por Fray Publio Díaz Ocd  de la Orden Carmelita, Espero que les guste. 


EXPECTAClÓN DEL PARTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA o NUESTRA SEÑORA DE LA O (18 DE DICIEMBRE)


Esperar al Señor que ha de venir es el tema principal del tiempo de Adviento que precede a la gran fiesta de Navidad. La liturgia de estos días nos coloca en la dinámica de la venida  del Señor y recoge los sentimientos de expectación  de la humanidad que comenzaron desde el mismo momento del primer pecado. En aquella ocasión Dios anunció la venida de un Salvador. La humanidad estuvo desde entonces pendiente de esta promesa: esperaban los patriarcas, los profetas, los reyes y los justos .De este ambiente de expectación toma la Iglesia las expresiones anhelantes, vivas y adecuadas para la preparación del misterio de la "nueva Natividad" del salvador: Jesús.

En el punto culminante de esta expectación se halla la Santísima Virgen María. Todas aquellas esperanzas culminan en Ella, la que fue elegida entre todas las mujeres para formar en su seno el verdadero Hijo de Dios. Sobre Ella se ciernen los vaticinios antiguos, en concreto los de Isaías; Ella es la que, como nadie, prepara los caminos del Señor.  En la exhortación apostólica “Marialis Cultus” del Papa Pablo VI se resalta  el papel ejemplar de la Virgen María en este tiempo de espera: “Los fieles que viven con la liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse vigilantes en la oración y…jubilosos en la alabanza, para salir al encuentro del Salvador que viene. Queremos, además, observar cómo la liturgia del Adviento, uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso retorno de Cristo al admirable  recuerdo de la Madre, presenta un feliz equilibrio cultual, que puede ser tomado como norma para impedir toda tendencia a separar, como ha ocurrido a veces en algunas formas de piedad popular, el culto a la Virgen de su necesario punto de referencia: Cristo.  Resulta así que este período, como han observado los especialistas en Liturgia, debe ser considerado como un tiempo particularmente apto para el culto a la Madre del Señor: orientación que confirmamos y deseamos ver acogida y seguida en todas partes”. (MC 4).

Junto a la fiesta de la Inmaculada Concepción, las ferias privilegiadas de la última semana de Adviento nos ofrecen elementos bíblicos y litúrgicos para la celebración de María en su misterio de espera.  Queremos recoger de la vieja tradición española esta fiesta de la expectación del parto de la Santísima Virgen que nos puedan ayudar a vivir con más sentido pastoral y espiritual el papel de la Virgen María en el acontecimiento del Nacimiento del Salvador. Con una profunda y delicada visión de estas verdades y del ambiente del susodicho período litúrgico, los padres del décimo concilio de Toledo (656) instituyeron la fiesta que se llamó muy pronto de la Expectación del Parto, y que debía celebrarse ocho días antes de la solemnidad natalicia de nuestro Redentor, o sea el 18 de diciembre.
La razón de su institución la dan los padres del concilio: no todos los años se puede celebrar con el esplendor conveniente la Anunciación de la Santísima Virgen, al coincidir con el tiempo de Cuaresma o la solemnidad pascual, en cuyos días no siempre tienen cabida las fiestas de santos ni es conveniente celebrar un misterio que dice relación con el comienzo de nuestra salvación. Por esto, "se establece por especial decreto que el día octavo antes de la Natividad del Señor se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su santísima Madre".
En este decreto se alude a la celebración de tal fiesta en "muchas otras Iglesias lejanas" y se ordena que se retenga esta costumbre; aunque, para conformarse con la Iglesia romana, se celebrará también la fiesta del 25 de marzo. De hecho, fue en España una de las fiestas más solemnes, y consta que de Toledo pasó a muchas otras iglesias, tanto de la Península como de fuera de ella. Fue llamada también "día de Santa María", y, como hoy, de Nuestra Señora de la O, por empezar en la víspera de esta fiesta las grandes antífonas de la O en las Vísperas.
Además de los padres que estuvieron presentes en el décimo concilio de Toledo, en especial del entonces obispo de aquella sede, San Eugenio III, intervino en su expansión—y también a él se debe el título concreto de Expectación del Parto—aquel otro gran prelado de la misma sede San Ildefonso, que tanto se distinguió por su amor a la Señora.
             En nuestra época es muy común la celebración de  “baby shower”, reunión que tienen como finalidad anticipar de manera festiva el nacimiento de un niño y preparar su nacimiento aportando a la gestante aquellas cosas que son necesarias para el sostenimiento y cuidado del niño a nacer.  La reunión gira en torno a la madre que va a dar a luz.  Madre e hijo unidos en esta celebración.  Como nos lo recordaba la Marialis cultus no podemos separar el culto a la Virgen Madre del misterio de su Hijo.  De alguna manera la invitación es celebrar un “baby shower” a la Virgen que encinta espera el alumbramiento de su Hijo Jesús.  En el podremos ofrecer a la Virgen  todo lo necesario para elaborar una canastilla , ofreciéndola a una madre necesitada, recordando las palabras del Evangelio: “Lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mi” (Mt 25, 40). Junto a este gesto de caridad a favor de un niño pobre sería conveniente en recuerdo de la Virgen gestante realizar la bendición de las madres embarazadas en este día según indicaciones del Bendicional.
  
CELEBRACIÓN DE LA BENDICIÓN DE LA MUJER ANTES DEL PARTO

Ant. de entrada: Cielos, destilen el rocío; nubes, derramen la victoria; ábrase la tierra y brote la salvación.

Monición de entrada: Conmemoramos hoy a nuestra Señora la Virgen María, la mujer agraciada por Dios, que concibió en su seno y dio a luz a Jesús, el Hijo del Altísimo

Ritos iniciales: 
V.  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R.  Amén.
V.  Jesucristo, el Hijo de Dios, que se hizo hombre en el seno de la Virgen María, esté con todos ustedes.
R.  Y con tu espíritu.

V. Dios es el Dios de la vida.  El determina la existencia de todo ser humano y con su providencia, dirige y conserva su vida.  María, como nadie supo la benevolencia de Dios hacia el ser humano mucho más cuando le confió la misión de ser la Madre de su Hijo.  En ella se posó toda la bendición y la complacencia de Dios.  Proclamamos a través de esta bendición que Dios apuesta por la vidahumana y que  el ser humano encuentra su providencia y su auxilio.  Pedimos por esta(s) madre(s) antes del parto, para que aguarde con fe y esperanza el momento del parto y, cooperando con el amor de Dios, ame ya desde ahora con afecto maternal al fruto que lleva en su seno.

LITURGIA DE LA PALABRA
Primera Lectura: Is 44,1-6
Salmo 32(33), 12 y 18.20-21. 22: La misericordia del Señor llena la tierra
Evangelio:  Lc 1.39-45
Homilía
Preces

Alabemos debidamente a Cristo, el Señor, fruto bendito del vientre de María, que por el misterio de su encarnación, ha derramado en el mundo la gracia y la benevolencia, y digámosle:
R.  Bendito seas, Señor, por tu bondad y tu misericordia
V.  Tú que te dignaste hacerte hombre naciendo de una mujer, para que recibiéramos el ser hijo por adopción. R.
V.  Tú que no desdeñaste el seno de una madre, sino que quisiste que fueran proclamados dichosos el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. R.
V.  Tú que en la Virgen María, bendita entre todas las mujeres, dignificaste el sexo femenino. R.
V.  Tú que en la cruz diste como madre a la Iglesia a la misma que habías elegido por madre tuya. R.
V.  Tú que fecundas a la Iglesia con nuevos hijos por el ministerio de las madres acrecentando la alegría y aumentando el gozo. R.

Oración de bendición (colocar las manos sobre la mujer gestante o hacer la señal de la cruz sobre su frente)
V. Señor Dios, creador del género humano, cuyo Hijo, por obra del Espíritu Santo, quiso nacer de la Virgen María, para redimir y salvar a los hombres, librándolos de la deuda del antiguo pecado, atiende los deseos de esta(s) hija(s) tuya(s), que te suplica(n) por el hijo que espera(n), y concédele(s) un parto feliz; que su(s) hijo(s) se agregue(n) a la comunidad de los fieles, te sirva(n) en todo y alcance(n) finalmente la vida eterna.
R.  Amén.
Conclusión del rito

Dios, fuente y origen de toda vida, te (les) proteja con su bondad.
R. Amén.
Confirme tu (su) fe, robustezca tu (su) esperanza, aumente cada vez más tu (su) caridad.
R. Amén.
En el momento del parto atienda tus súplicas y te (les) ayude con su gracia

Y a todos ustedes, que están aquí presentes, les bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.

R. Amén.




Al centro de la historia de la mujer, está esa mujer en la que la maternidad ha alcanzado la suprema exaltación y, al mismo tiempo, entendida como maternidad corporal, su superación.(…)Dios eligió, para encarnarse, el nacer de una madre humana y en ella nos ofrece el cuadro perfecto de la madre.  Desde el momento en que sabe que va a concebir un hijo, se entrega totalmente a esa misión”.
                                   (Sta. Edith Stein, ocd)


  

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