viernes, 7 de diciembre de 2012

La comida en familia


En Torno a la Mesa.

En las sociedades modernas, sobre todo en las grandes ciudades, las personas viven sujetas a gran cantidad de estrés, así como de muchas ocupaciones. Esto ha afectado las relaciones de las personas, tenemos poco tiempo para las relaciones interpersonales de “tu a tu”. De esta situación no queda exenta la familia.
            La familia siempre ha sido el espacio de mayor confianza, conocimiento, cariño y de relaciones profundas. Con la familia se ha de compartir lo bueno y lo malo, en familia nos conocemos nuestros errores, porque hemos convivido por algún tiempo, y nos hemos de perdonar. Es la familia donde nos encontramos despojados de la mirada de la sociedad y donde cada quien es lo que ha sido, con su historia, su pasado, su presente, y las metas, a veces compartidas y otras tantas más personales que  acompañan en el caminar. En familia se rompen los títulos que nos otorga la sociedad, dejamos de ser el profesor, el licenciado, el doctor, la maestra, el ingeniero, el maestro de obra, y somos uno más, algo intimo, algo tan pero tan íntimo que nos apropiamos del otro, una manera de expresar nuestras relaciones profundas, decimos: “mi mamá”, “mi hijo”, “mi papá”, “mi hermana”. Sin embargo la familia se ha ido transformando poco a poco en un espacio de desconocidos, donde no nos entendemos, no hay dialogo, no nos hablamos, no nos vemos, no nos tratamos asertivamente. Y es que son tantas las ocupaciones de cada quien, trabajos, estudios, cursos, o simplemente, la internet, la música, el Ipod, los amigos, que dedicamos muchas horas a las cosas diferentes, pero no tenemos tiempo para conocernos mutuamente.
            Uno de los espacios que hemos ido perdiendo y que debemos revalorizar como lugar para el encuentro familiar es la mesa. La mesa como símbolo del compartir, de la unión familiar, la mesa como espacio para sentirnos acompañados por el otro en nuestro caminar diario. Y es que es difícil en el mundo de hoy, sobre todo en las sociedades como las nuestras en la que sabemos a qué hora salimos, pero no sabemos a qué hora regresamos (a veces no tenemos la plena seguridad de que regresaremos). Padres ocupados tanto de qué llevar a la mesa, que se olvidan del verdadero sentido de la comida, del verdadero significado de la mesa, la mesa como lugar de compartir y del conocimiento interpersonal. Un santo varón decía: “en la mesa se conoce a las personas”.
            Este pequeño escrito es una invitación a las familias a pensar cómo son nuestras comidas. ¿Son un espacio donde compartimos y dialogamos?, ¿Dónde nos tratamos como amigos?, ¿Dónde ponemos en común nuestras dificultades y alegrías diarias?, o  hemos llegado hasta el extremo de no comer juntos.
            Por eso quisiera proponer algunas pautas para revalorizar la mesa, y con ella la comunicación y el espacio para el encuentro entre las familias.

1.      Comer juntos al menos una vez al día.
2.      Establecer una hora determinada para esta comida, que sea más cómoda para todos.
3.      Mientras comemos no tengamos distracciones, como música a gran volumen, o el televisor encendido, importante también evitar distracciones como el perro o los celulares.
4.      Los padres deben procurar la confianza con los hijos, preguntándoles por su día, y los padres entre sí.
5.      La comida debe ser un espacio para que nos sintamos implicados afectivamente, un “te quiero”, o un “te amo”, no quitan nada a quien la profiere, un beso, o simplemente un gesto de educación ayudando a levantar la mesa hace que la familia se sienta cada vez más unida.


 
            

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