lunes, 29 de octubre de 2012

Creo en un Dios alegre.


Creo en un Dios alegre y alegre debe ser nuestro servicio y camino hacia él. El ofrece alegría, felicidad y paz en su ministerio público a personas que socialmente estaban destinadas a ser infelices. 
Me parece contradictorio que un seguidor de Cristo, en medio de las dificultades diarias, se deje dominar por la tristeza. La tristeza, la congoja, es algo natural en el ser humano y cuando la dejamos aflorar es nuestra debilidad y nuestra desesperanza la que queda de manifiesto. La experiencia de la tristeza es la misma  de la primera comunidad cristiana, la de la desilusión, la frustración ante los planes no cumplidos, de un Mesías que no resultó ser lo que esperaban, porque esperaban a un David con grandes ejércitos, y los desilusionó al mandar a envainar la espada cuando lo iban a apresar. La tristeza es la experiencia de la Iglesia naciente que no ha conocido el gozo del Espíritu Santo, pero que verá la resurrección y la plenitud de Dios en medio de los portentos que van realizando los discípulos en el día a día.
            La sonrisa, debe ser la primera tarjeta de presentación del cristiano, porque el mundo está saciado, por no decir asqueado, de tanto odio, envidia y rencor. Las almas en su búsqueda de Dios buscan un Dios verdadero, no buscan ídolos, aunque los encuentren buscando. El cristiano de hoy en día tiene una gran responsabilidad sobre los hombros, por no decir sobre su rostro. El rostro (face) se ha convertido en los últimos tiempos en algo importante en las relaciones interpersonales, y una sonrisa es, tal vez, la manera de evangelización más rápida, más sincera, más profunda y duradera. Un cristiano está alegre porque confía en Dios, es decir, tiene fe, y quien tiene fe nada le falta, aunque le falte todo, teniendo a Dios nada le falta (santa Teresa), sin que sea conformismo.
            Proclamo hoy que creo en un Dios alegre, en el Dios del chiste sano, de un comentario alegre, de un día en compartir, del compartir en la fe. Creo en el Dios de la alegría que proporciona la alabanza, creo en el Dios que piensa en cada una de sus criaturas de manera misteriosa. Creo en un Dios alegre. 

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