jueves, 29 de marzo de 2012

La transubstanciación




            El creyente siempre se ha visto en la necesidad de darle explicaciones racionales (a al menos razonables)  a sus creencias religiosas ya que es una exigencia de la razón. Es el caso de la eucaristía, que ha sido un misterio de fe (el de la presencia de Cristo en ella) cuestionado incontablemente desde los propios orígenes de la Iglesia cuando se perseguía a los cristianos acusándolos “antropófagos” por el hecho de comer “el cuerpo y sangre de un tal Cristo”.
            Una de las explicaciones dadas en torno a la eucaristía es referente la palabra “transubstanciación”. Palabra surgida en la edad media y muy discutida entre los siglos XI y XIII especialmente, utilizada por primera vez en el Concilio Lateranense IV. Cuando hablamos de “substancia” nos referimos a “lo que está debajo de”[1], es decir, la base, lo que sustenta la cosa, lo que la mantiene estando o siendo, en otras palabras es la substancia lo que mantiene estable ontológicamente a algo. Así aunque cambien sus características (color, tamaño) puede continuar siendo la misma cosa (un perro negro, o un perro blanco sigue siendo perro), estas características particulares se le llama accidentes.
             En cuanto a la presencia de Cristo en la Eucaristía podemos decir que en el momento de la consagración la substancia de las materias “pan y vino” cambian, dejan de ser propiamente pan y vino, y se convierten en cuerpo y sangre de Cristo. Esto es lo que se conoce como transubstanciación, al cambio de substancia que ocurre en la eucaristía. Esto por esto que la presencia de Cristo en la eucaristía es una presencia real. El catecismo de la Iglesia Católica afirma:
Se ha mantenido siempre esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio, por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; La Iglesia católica ha llamado a este cambio justa y apropiadamente “transubstanciación”.[2]





[1] MORA, José Ferrater. Diccionario de Filosofía, pág. 734.
[2] Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 1376.

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